DELFINES DEL AMAZONAS

 

Texto y fotos: David Nieto Maceín.

Miles de ríos y canales serpentean parsimoniosamente entre exuberante vegetación tropical desembocando, cual complejísimo sistema arterial, en el río más caudaloso del mundo: el Amazonas.

Drenado por largos ríos tributarios procedentes de las selvas interiores de los dos hemisferios, recibe el gran Amazonas la influencia de lluvias alternas desde las cuencas Norte y Sur, por lo que, en su cabecera, vive dos periodos de crecidas (aguas altas), que, río abajo, en territorio brasileño, y henchido ya con las aguas de otros muchos afluentes, se fusionarán dando lugar a una gran subida del nivel hídrico que durará varios meses.

              

En la Amazonia colombiana, el periodo de aguas altas (que comprende de febrero a junio) va a influir decisivamente en la variabilidad de los hábitats, su diversidad biológica y el comportamiento de las diferentes especies.

Además, la diversa composición de las aguas, que recorren muy distintos territorios antes de desembocar en el gran río, influyen también en la altísima variedad faunística. No es de extrañar, por tanto, que Colombia, Brasil y Perú estén entre los países de mayor biodiversidad del mundo.

Los ríos blancos (como el Amazonas principal), de color pardo, transportan gran cantidad de sedimentos en suspensión desde la cordillera de los Andes, ininterrumpidamente erosionada por las aguas. Por ello son ríos mucho más ricos en nutrientes y con mayor potencial biológico que los ríos negros, que recorren las selvas interiores, áreas mucho más antiguas y erosionadas, y cuyo color ciertamente oscuro se debe al humus.

Así, se diferencian los hábitats de las selvas de tierra firme, que cubren las zonas más altas y no sufren las inundaciones debidas a las crecidas de los ríos, y los de las selvas inundables, que, periódicamente, y dependiendo de la zona y la época, se encuentran bajo el influjo de las crecidas. Las selvas inundadas o inundables por aguas blancas se conocen como varzea y las inundables por aguas negras se conocen con el nombre de igapó.

                                                             

Dado que las aguas amazónicas, y muy en especial, las blancas, no permiten, debido a la densidad de materia en suspensión, el paso de la luz, la producción de fitoplancton es insignificante, por lo que la base de la cadena trófica de estas cuencas fluviales son los nutrientes ofrecidos por los bosques de riberas, las praderas flotantes, la remoción de los fondos y los recogidos en la selva durante los períodos de inundación (una hectárea de bosque inundado puede producir 60 toneladas de frutos al año, que son aprovechados en su mayoría por peces).

                                                                                

Y de esta forma, y a pesar de la escasez de plancton, se desarrolla en el Amazonas la fauna ictiológica de agua dulce más variada del mundo, con más de 2.000 especies, de las que se alimentan los grandes depredadores de estos ríos: el caimán negro (melanosuchus niger), la nutria gigante (pteronura brasiliensis), grandes peces como el pirarucú (arapaima gigas) y el piraiba (brachyplatystoma filamentosum) y los delfines.

                                                                

En la gran cuenca orinoco-amazónica viven dos géneros de delfines: inia y sotalia. Se diferencian tres poblaciones diferentes de inia que habitan respectivamente las cuencas del Amazonas (inia geoffrensis geoffrensis), Orinoco (i.g.humboldtiana), así como el sistema de cuencas del Mamoré/Beni, en Bolivia (inia boliviensis) y dos ecotipos de sotalia: el marino (sotalia fluviatilis guianensis), que habita la costa atlántica (costa del Caribe en Colombia) y el fluvial (s.f.fluviatilis), que puebla la cuenca orinoco-amazónica (en Colombia exclusivamente la cuenca del Amazonas).

                                                         

El sotalia, delfín gris o tucuxi posee las adaptaciones típicas de un delfín marino, esto es: vértebras cervicales fusionadas para fortalecer la estructura hidrodinámica, aletas pectorales puntiagudas y dorsal triangular. Pero inia, conocido como bugeo, bufeo o delfín rosado (omacha en lengua ticuna), durante millones de años que ha permanecido intacta la región, sin variaciones climáticas importantes que influyesen claramente en los hábitats, ha tenido tiempo de adaptar su anatomía para desenvolverse en las oscuras aguas de la selva. De esta forma, la morfología de inia es sumamente curiosa: su cuerpo es flexible sin restarle robustez, y sus cervicales no están soldadas, gracias a lo cual, y al contrario que los delfines marinos y los sotalia con los que comparte a menudo el hábitat, tiene capacidad de girar la cabeza, lo que, unido a unas aletas pectorales grandes como paletas con una articulación escapular que le permite un mayor ángulo de rotación, le confiere una gran movilidad en el intrincado laberinto de los canales y selvas inundadas, donde busca el alimento durante los periodos de aguas altas, persiguiendo a sus presas entre los troncos y raíces sumergidos con un fácil y sinuoso movimiento, casi mágico. Su visión está adaptada a la falta de visibilidad y en la parte superior del largo hocico posee vibrisas sensoriales. Su melon es grande y pronunciado, y tiene la capacidad de alterar su forma voluntariamente, lo que está relacionado con un portentoso sistema de ecolocalización. La aleta dorsal es larga y baja, en forma de quilla. La característica más llamativa de inia es el color rosado de la mayoría de los adultos, que incluso puede tornarse más intenso en el transcurso de un lance de pesca posiblemente, según Trujillo, por cuestiones relacionadas con la termorregulación.

Durante los periodos de aguas bajas, los delfines se mueven por los cursos principales; pero en aguas altas, cuando los peces se dispersan por la selva inundada, también lo hacen los inia, que se tornan mucho más difíciles de observar. Los investigadores de la Fundación Omacha, de Colombia, han trabajado en la cuenca orinoco-amazónica durante dos décadas, principalmente en Colombia y regiones contiguas de Brasil y Perú, realizando estudios de abundancia, uso de hábitat y evaluación de áreas prioritarias con el fin de crear estrategias de conservación.

F.Trujillo, de la Fundación Omacha, apunta hacia una preferencia de los delfines rosados hacia lagos y confluencias. Los lagos son utilizados especialmente durante las aguas altas ó ascendentes, cuando aún están conectados con los cursos principales por canales suficientemente profundos, y en algunos lagos Trujillo ha reportado movimientos estacionales e incluso diarios. Existen profundas lagunas que ofrecen condiciones ideales (por afloramientos bentónicos) para los peces, que las hacen asimismo idóneas para los cetáceos, que pueden utilizarlas durante todo el año, independientemente del nivel de las aguas. Lagunas que incluso, por su oferta de alimento y tranquilidad, suelen ser utilizadas como guardería, encontrándose buen número de crías y juveniles.

Los sotalia, mucho más sensibles a los cambios de nivel por su falta de adaptación a la navegación en aguas poco profundas y selva inundada, se mueven hacia los cursos principales en cuanto el nivel comienza a descender.

Las confluencias son puntos muy interesantes para los delfines pues son vías de entrada y salida de peces. Los estudios de la Fundación Omacha apuntan hacia una mayor densidad en las confluencias. En éstas se produce a menudo la casi mágica unión entre los ríos negros y blancos; los bancos de peces se dispersan facilitando así su captura por parte de los delfines, que utilizan toda suerte de técnicas predatorias, siendo habitual observarles dando saltos verticales con el fin de partir literalmente los cardúmenes para aprovechar la confusión provocada en las presas.

En los ríos principales, como el Javari, que atraviesa territorios brasileños y peruanos contiguos a Colombia, durante el periodo de aguas bajas se forman bancos de arena, cuyas orillas son recorridas por los inia, especialmente en la curva de los meandros, allí donde se acumula material orgánico que sirve de alimento y refugio a los peces.

A menudo se observa en estos cursos cómo, mientras los inia buscan su alimento sigilosamente junto a la vegetación de la selva, los sotalia se mueven en el centro del cauce, aprovechando la contracorriente para mantenerse sin gasto energético a la espera de sus presas.

Es durante las aguas bajas cuando el pescado se concentra en determinadas zonas más nutritivas, como las confluencias y entrada a los lagos, que son lógicamente más utilizados por los delfines. Y es entonces cuando pueden invertir más tiempo y energía en el juego y la reproducción. Los investigadores de Omacha han observado repetidamente interesantes comportamientos lúdicos en los delfines rosados en estos periodos.

Todas estas diferencias en el uso de hábitat, según Trujillo, son fundamentales a la hora de tomar decisiones de protección.

Cuenta una leyenda indígena que los delfines rosados surgen de las aguas durante la noche y, convertidos físicamente en su espíritu humano, enamoran a las jóvenes. Éste halo místico ha protegido de los hombres a éste misterioso cetáceo hasta nuestros días. Pero la pérdida del conocimiento tradicional, de los mitos y leyendas culturales que han mantenido a los indígenas en equilibrio con su medio, se está produciendo a gran velocidad como consecuencia de la destrucción de la propia Amazonia. Los indígenas están perdiendo su identidad cultural, y algunas comunidades han sido marginadas y destruidos los hábitats con los que armonizaban. La Fundación Omacha está llevando a cabo programas de educación y trata de recuperar y fortalecer esa identidad cultural que les mantenía en armonía con la naturaleza.

Hoy la sobrepesca es uno de los más terribles problemas del Amazonas. Impuesta la pesquería comercial a gran escala, hasta las redes de deriva vagan libres aniquilando a su paso todo hálito de vida. Un mercado exigente, una mayor demanda... ya no sólo se pesca para la supervivencia. Hay necesidades extras que han de ser satisfechas. Se subestima el impacto. De las grandes redes se descartan ingentes cantidades de pescado, que desaparece inútilmente. Sólo en 10 años se sienten gravemente ya los efectos en todo el ecosistema fluvial. Las poblaciones de grandes bagres han sido ya sobreexplotadas y hoy los pescadores conciben a los delfines como competidores. Se culpa a los delfines de dañar el pescado de las mallas. Ciertamente, con la llegada de las redes de nylon al Amazonas, murieron cientos de delfines ahogados, enredados en el monofilamento. Tras un periodo de adaptación, aprovechan ahora las redes para extraer pescado, pero los estudios de la Fundación Omacha han encontrado que la incidencia es mucho menor de la que se les acusa, pues frecuentemente es un pez carroñero, el carnero (cetopsidae y trycomictheridae) el que produce tales daños. Flechas y arpones son frecuentemente usados en la pesca para terminar con los delfines. Con frecuencia están disparándoles con escopetas y se encuentran delfines heridos con machetes. Pero la sobrepesca continúa y dirige al ecosistema hacia un colapso. Además, estos frágiles ecosistemas fluviales están siendo saqueados a gran escala por los países ricos (EEUU, Europa...) mediante la extracción de peces ornamentales para satisfacer los injustificados caprichos de los aficionados a la acuariofilia (unos 6.000 millones de peces ornamentales serían extraídos anualmente de estos ríos, y el 90% mueren en los procesos de transporte).

Las sabias leyendas indígenas hablan también del “árbol de los gusanos”; de los bosques de ribera que alimentan el río. La deforestación de las orillas y selvas es hoy otro de los gravísimos problemas a los que se enfrenta éste frágil ecosistema y del que, desde Europa, deberíamos ser mucho más conscientes. La extracción del oro, una vez más, con destino a los países ricos, provoca cada año el derrame de decenas de miles de kilos de mercurio a los ríos, que se están acumulando en la cadena trófica y afectando ya a las comunidades locales. Desde Europa, por tanto, deberíamos ser mucho más conscientes por cuanto que la problemática ecológica de estas regiones tiene su origen muy lejos de ellas.