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Si uno visita
actualmente las islas Baleares resulta muy difícil de imaginar que hayan
podido ser habitadas por cientos de focas. Pues así fue, efectivamente,
aunque muchos queden sorprendidos. Uno no podría reconocer las islas
paradisíacas que fueron en el pasado sino en pequeños puntos relictos
poco visitados. Todo el mundo debería saberlo, para darse cuenta de
hasta qué punto somos capaces de transformar el medio y de aniquilar la
vida con impunidad y sin ningún tipo de remordimiento. Con el tiempo,
hasta el recuerdo se ha borrado.
Eran focas monje,
pertenecientes a un grupo de especies que viven en mares cálidos o
templados. Las focas monje (el género monachus) eran tres
especies: la mediterránea, la hawaiana, y la caribeña; ésta última fue
extinguida a mediados del s.XX.
En el pasado, las
colonias de focas monje vivían en todo el litoral de las Islas Baleares,
en grandes colonias en las playas, donde se cree que criaban antes de
que el hombre les hiciese la vida imposible y tuvieran que refugiarse en
cuevas semisumergidas, que, por otra parte, representan un serio
problema para la reproducción en muchas ocasiones. Al vivir en mares
cálidos donde el ser humano ha intervenido intensamente, todas las focas
monje tuvieron que recluirse en lugares deshabitados, lo que hizo que
fuesen bautizadas con ese nombre.
La foca monje del
Mediterráneo abundaba por todo este mar, el Mar Negro y el Atlántico
contiguo, es decir: Marruecos, Sáhara Occidental, Mauritania, Senegal,
Madeira, Canarias y Cabo Verde. Eran frecuentes en Baleares, Cataluña,
Alicante, Murcia o Almería. Hoy apenas sobreviven ya los últimos
ejemplares, muy dispersos y sin reunirse en colonias, en las más remotas
islas griegas y turcas, donde se avista alguna esporádicamente. En
Mauritania aún sobrevive una pequeña colonia de unos 150 ejemplares y en
Madeira queda solamente poco más de una decena. Y esas son todas las
focas monje mediterráneas que quedan de aquellas inmensas colonias de
miles de ejemplares que, con sus gritos, se
hicieron llamar “lobos marinos”.
LA
TOPONIMIA, TODO LO QUE NOS QUEDA
En el Puerto de
Mahón, en Menorca, hay una isla conocida como Isla del Llatzeret, que
tiene una cueva llamada Cueva del Vellmarí, pues en ella era habitual la
presencia de focas monje, a las que en Baleares siempre se las conoció
con ese nombre: vellmarí (viejo marino). Aquella cueva fue utilizada por
las focas hasta la década de 1940 o 1950. En Cabo Caballería, también en
Menorca, existe otra cueva con el mismo nombre que fue utilizada por las
focas. Hasta los años 60 las focas monje eran más o menos habituales en
Menorca e incluso se las veía con crías. Descansaban sobre las rocas e
incluso en las playas. En Formentera hay una cueva también llamada Sa
Cova des Vellmarí, alrededor de la cual se citaron muchas focas monje en
otros tiempos. En Mallorca, en Cap Ferrutx, hay otra Cova des Vellmarí
que fue muy utilizada por las focas. A finales del s.XVIII se
encontraron, incluso, 7 focas refugiadas en la cueva, una de las cuales
fue cazada. En la Isla de Dragonera, en Mallorca, hay otra Cova des
Vellmarí y en la península de Artá una pequeña cala es conocida también
como Cala des Vellmarí. En la isla de Conejera, en el archipiélago de
Cabrera, existe otra Cova des Vellmarí. La toponimia nos da una idea de
lo común que eran estas focas en el litoral de las Baleares. Yo mismo he
conocido gente de Menorca que ha tenido la envidiable suerte de observar
enormes focas monje (pueden llegar a cerca de 3 metros y 300 kg)
soleándose en las playas de la isla en los años 40 del siglo XX.
En San Antonio,
Alicante, hay una cueva llamada la cueva del Llop Marí (la cueva del
Lobo Marino, que es como se conocía allí a esta foca) porque en ella
habitaban tradicionalmente. En los años 1939 y 1940 vivió una foca en
aquella cueva, posiblemente por última vez. También en Alicante, en la
Isla de Nueva Tabarca, hay una cueva conocida como la Cueva del Lobo por
albergar habitualmente focas monje. Parece ser que aquella cueva era
utilizada para traer al mundo a sus pequeños. Pero en Alicante la última
cría conocida murió en 1951 de un hachazo. En la Isla de Alborán hay una
cueva también conocida con el mismo nombre: Cueva del Lobo Marino, que
fue usada frecuentemente por las focas. Hay registros de focas en
aquella cueva al menos en los años 1960, 1965, 1972 y hasta 1984. En las
Islas Chafarinas hay varias cuevas que fueron usadas en el pasado por
las focas de forma habitual (una de ellas llamada también, por ello,
Cueva del Lobo). Entre 1993 y 1995 una hembra adulta utilizó las cuevas
por última vez.
Los primeros
exploradores portugueses, del s.XV, hablaban también de grandes colonias
de focas monje en las Islas Canarias, concretamente en una isla que fue
bautizada por ello Isla de Lobos. En esta isla se llegaron a contar
hasta 5000 focas en aquel entonces. Fueron exterminadas totalmente en
grandes masacres por los marineros de los barcos que iban a América.
Entre 1910 y 1930
los pescadores de las Islas Baleares masacraron a las focas monje hasta
un punto insospechado. En la década de 1960 se puede considerar la
especie extinguida en las islas. A partir de entonces, se sucedieron
citas esporádicas de ejemplares que provenían del norte de África. En
1989 se vieron dos focas a varias millas al sur de Cabrera y en 1990
parece ser que se vio una foca en el canal entre Mallorca y Cabrera.
Estos fueron los últimos datos de la especie en las islas.
Cuando la foca monje
fue extinguida totalmente en las Baleares, y no antes, fue cuando empezó
a acusarse la sobreexplotación de la pesca. Esto sucedió en los años 70.
Colonias de miles de focas vivieron durante cientos de años en
equilibrio con el mar; sólo la actividad de pesca industrial del hombre
ha sobreexplotado los caladeros a una velocidad vertiginosa.
ALGUNA ESPERANZA…
En la colonia de
Cabo Blanco, en Mauritania, el principal bastión de la foca monje que
nos queda, nacieron 48 pequeñas focas en 2006, duplicando la media de
los años anteriores. 10 años antes, hubo una epidemia fatal que azotó a
la población e hizo temer por su supervivencia ya que se redujo a un
tercio pues había unas 300 cuando fue descubierta aquella colonia en
1992. El balance final de 2006 fue de unas 150 focas. Lo que podemos
hacer nosotros para mejorar esta situación es CUIDAR DEL OCÉANO. Ser
conscientes de los problemas que causamos a los mares e intentar
atajarlos desde nuestra actitud personal. LA SOBREPESCA no es algo que
no nos incumba: LA CAUSAMOS TODOS Y CADA UNO DE NOSOTROS. La
contaminación de los mares se debe a nuestra manera de relacionarnos con
el mundo. TODOS SOMOS RESPONSABLES.
PARADOJAS
Paradójicamente, las
focas monje se han salvado en Mauritania gracias a la inestabilidad
política en aquella región. Aquella costa, además de ser inaccesible por
su marco geográfico, lo es por estar minada todo el área en tierra con
minas antipersonal. Esto evitó molestias a la colonia. En Hawai, las
focas monje sobrevivieron en islas que fueron estratégicas en la guerra,
y que gracias a ello fueron protegidas contra la peor lacra de los
ecosistemas marinos y litorales: el turismo, la urbanización y la pesca
intensiva. De no ser así, les habría ocurrido lo que a las focas monje
del Caribe, que fueron exterminadas.
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