¡¡FOCAS EN LAS ISLAS BALEARES!!, por David Nieto Maceín.

 

Si uno visita actualmente las islas Baleares resulta muy difícil de imaginar que hayan podido ser habitadas por cientos de focas. Pues así fue, efectivamente, aunque muchos queden sorprendidos. Uno no podría reconocer las islas paradisíacas que fueron en el pasado sino en pequeños puntos relictos poco visitados. Todo el mundo debería saberlo, para darse cuenta de hasta qué punto somos capaces de transformar el medio y de aniquilar la vida con impunidad y sin ningún tipo de remordimiento. Con el tiempo, hasta el recuerdo se ha borrado.  

Eran focas monje, pertenecientes a un grupo de especies que viven en mares cálidos o templados. Las focas monje (el género monachus) eran tres especies: la mediterránea, la hawaiana, y la caribeña; ésta última fue extinguida a mediados del s.XX.

En el pasado, las colonias de focas monje vivían en todo el litoral de las Islas Baleares, en grandes colonias en las playas, donde se cree que criaban antes de que el hombre les hiciese la vida imposible y tuvieran que refugiarse en cuevas semisumergidas, que, por otra parte, representan un serio problema para la reproducción en muchas ocasiones. Al vivir en mares cálidos donde el ser humano ha intervenido intensamente, todas las focas monje tuvieron que recluirse en lugares deshabitados, lo que hizo que fuesen bautizadas con ese nombre.

La foca monje del Mediterráneo abundaba por todo este mar, el Mar Negro y el Atlántico contiguo, es decir: Marruecos, Sáhara Occidental, Mauritania, Senegal, Madeira, Canarias y Cabo Verde. Eran frecuentes en Baleares, Cataluña, Alicante, Murcia o Almería. Hoy apenas sobreviven ya los últimos ejemplares, muy dispersos y sin reunirse en colonias, en las más remotas islas griegas y turcas, donde se avista alguna esporádicamente. En Mauritania aún sobrevive una pequeña colonia de unos 150 ejemplares y en Madeira queda solamente poco más de una decena. Y esas son todas las focas monje mediterráneas que quedan de aquellas inmensas colonias de miles de ejemplares que, con sus gritos, se hicieron llamar “lobos marinos”. 

LA TOPONIMIA, TODO LO QUE NOS QUEDA

En el Puerto de Mahón, en Menorca, hay una isla conocida como Isla del Llatzeret, que tiene una cueva llamada Cueva del Vellmarí, pues en ella era habitual la presencia de focas monje, a las que en Baleares siempre se las conoció con ese nombre: vellmarí (viejo marino). Aquella cueva fue utilizada por las focas hasta la década de 1940 o 1950. En Cabo Caballería, también en Menorca, existe otra cueva con el mismo nombre que fue utilizada por las focas. Hasta los años 60 las focas monje eran más o menos habituales en Menorca e incluso se las veía con crías. Descansaban sobre las rocas e incluso en las playas. En Formentera hay una cueva también llamada Sa Cova des Vellmarí, alrededor de la cual se citaron muchas focas monje en otros tiempos. En Mallorca, en Cap Ferrutx, hay otra Cova des Vellmarí que fue muy utilizada por las focas. A finales del s.XVIII se encontraron, incluso, 7 focas refugiadas en la cueva, una de las cuales fue cazada. En la Isla de Dragonera, en Mallorca, hay otra Cova des Vellmarí y en la península de Artá una pequeña cala es conocida también como Cala des Vellmarí. En la isla de Conejera, en el archipiélago de Cabrera, existe otra Cova des Vellmarí. La toponimia nos da una idea de lo común que eran estas focas en el litoral de las Baleares. Yo mismo he conocido gente de Menorca que ha tenido la envidiable suerte de observar enormes focas monje (pueden llegar a cerca de 3 metros y 300 kg) soleándose en las playas de la isla en los años 40 del siglo XX.

En San Antonio, Alicante, hay una cueva llamada la cueva del Llop Marí (la cueva del Lobo Marino, que es como se conocía allí a esta foca) porque en ella habitaban tradicionalmente. En los años 1939 y 1940 vivió una foca en aquella cueva, posiblemente por última vez. También en Alicante, en la Isla de Nueva Tabarca, hay una cueva conocida como la Cueva del Lobo por albergar habitualmente focas monje. Parece ser que aquella cueva era utilizada para traer al mundo a sus pequeños. Pero en Alicante la última cría conocida murió en 1951 de un hachazo. En la Isla de Alborán hay una cueva también conocida con el mismo nombre: Cueva del Lobo Marino, que fue usada frecuentemente por las focas. Hay registros de focas en aquella cueva al menos en los años 1960, 1965, 1972 y hasta 1984. En las Islas Chafarinas hay varias cuevas que fueron usadas en el pasado por las focas de forma habitual (una de ellas llamada también, por ello, Cueva del Lobo). Entre 1993 y 1995 una hembra adulta utilizó las cuevas por última vez.

Los primeros exploradores portugueses, del s.XV, hablaban también de grandes colonias de focas monje en las Islas Canarias, concretamente en una isla que fue bautizada por ello Isla de Lobos. En esta isla se llegaron a contar hasta 5000 focas en aquel entonces. Fueron exterminadas totalmente en grandes masacres por los marineros de los barcos que iban a América.

Entre 1910 y 1930 los pescadores de las Islas Baleares masacraron a las focas monje hasta un punto insospechado. En la década de 1960 se puede considerar la especie extinguida en las islas. A partir de entonces, se sucedieron citas esporádicas de ejemplares que provenían del norte de África. En 1989 se vieron dos focas a varias millas al sur de Cabrera y en 1990 parece ser que se vio una foca en el canal entre Mallorca y Cabrera. Estos fueron los últimos datos de la especie en las islas.

Cuando la foca monje fue extinguida totalmente en las Baleares, y no antes, fue cuando empezó a acusarse la sobreexplotación de la pesca. Esto sucedió en los años 70. Colonias de miles de focas vivieron durante cientos de años en equilibrio con el mar; sólo la actividad de pesca industrial del hombre ha sobreexplotado los caladeros a una velocidad vertiginosa.

ALGUNA ESPERANZA…

En la colonia de Cabo Blanco, en Mauritania, el principal bastión de la foca monje que nos queda, nacieron 48 pequeñas focas en 2006, duplicando la media de los años anteriores. 10 años antes, hubo una epidemia fatal que azotó a la población e hizo temer por su supervivencia ya que se redujo a un tercio pues había unas 300 cuando fue descubierta aquella colonia en 1992. El balance final de 2006 fue de unas 150 focas. Lo que podemos hacer nosotros para mejorar esta situación es CUIDAR DEL OCÉANO. Ser conscientes de los problemas que causamos a los mares e intentar atajarlos desde nuestra actitud personal. LA SOBREPESCA no es algo que no nos incumba: LA CAUSAMOS TODOS Y CADA UNO DE NOSOTROS. La contaminación de los mares se debe a nuestra manera de relacionarnos con el mundo. TODOS SOMOS RESPONSABLES.

PARADOJAS

Paradójicamente, las focas monje se han salvado en Mauritania gracias a la inestabilidad política en aquella región. Aquella costa, además de ser inaccesible por su marco geográfico, lo es por estar minada todo el área en tierra con minas antipersonal. Esto evitó molestias a la colonia. En Hawai, las focas monje sobrevivieron en islas que fueron estratégicas en la guerra, y que gracias a ello fueron protegidas contra la peor lacra de los ecosistemas marinos y litorales: el turismo, la urbanización y la pesca intensiva. De no ser así, les habría ocurrido lo que a las focas monje del Caribe, que fueron exterminadas.