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LA FOCA JANE
Por David
Nieto Maceín.
Medio siglo sin foca monje
habían hecho olvidar, desgraciadamente, a la población mallorquina, que
esta especie era endémica y común en las islas Baleares. Este año, en
junio, de forma sorprendente, apareció una foca monje en aguas cercanas
a la isla de Dragonera. Hubo varias citas pero no se tuvo noticia
pública hasta que un buceador la sorprendió en la Isla del Toro. Era un
domingo al mediodía, cuando el buceador, llamado Álvaro Garí, buceaba en
la reserva que conoce muy bien. Ya iba a irse cuando de pronto vio algo
grande entrar en la cueva y se acercó a curiosear. La cueva tiene unos
tres metros de longitud; allí pudo distinguir algo blanco y pensó en si
sería un cetáceo pues estaba quieto, casi en posición vertical.
Se
acercó y cuando prácticamente la estaba tocando, la foca se giró
bruscamente, sorprendida y huyó hacia el interior de la cueva. Fue
cuando él hizo unas fotos. Permaneció allí unos 10 minutos y entró otro
buceador. Ciertamente, la asustaron, lo que no está bien. La foca huyó
de allí. Dice que hay una almadraba moruna en la zona y que corre
riesgo.
Los dos últimos ejemplares de foca monje, conocida popularmente como "vellmarí",
de los que se tiene constancia en Baleares, fueron exterminados en
Mallorca en 1958, uno de ellos sacrificado entre las redes de los
pescadores de Cala Mondragó, en Felanitx, y el otro muerto a tiros por
la Guardia Civil en Cala Tuent, en Escorca. Afortunadamente los tiempos
han cambiado.
La foca apareció como una
sirena, misteriosamente, en las azules aguas del Mar Balear, cuando
precisamente nos
encontrábamos en Islas Espóradas reunidos con Mom, la organización que
trabaja por la conservación de la foca monje mediterránea en Grecia. Era
una
gran noticia para el mar.
Estábamos navegando con Jane
Goodall, precisamente también, bajo los acantilados de la isla de Dragonera y me
preguntaba por los mensajes del universo. Jane viajaba a Mallorca para
transmitir un mensaje de esperanza. Lo mismo hacía aquella foca. Hacía
50 años Jane comenzaba a estudiar los chimpancés en Tanzania y así
iniciaba su carrera profesional, aquella que la llevó hasta lo que hoy
hace. En aquellos años exterminaron a las últimas focas monje de las
Baleares. Tras esas décadas de ausencia, parece que las focas han
esperado un momento especial para su aparición: justo el momento en el que
Jane Goodall, la embajadora de la vida, ha llegado por primera vez a las
islas. Pensaba en las casualidades y las causalidades y le comenté a
Jane, en aquel lugar tan especial para las focas de las Baleares, que quizás aquella foca había venido a visitarla. Le gustó la idea
y propuso llamarla Jane y tratar de proteger al máximo sus posibilidades
de existencia. En aquel momento pasó un bote rápido. Ése es uno de los
grandes problemas junto con las molestias directas y persecutorias.
Por la tarde hablamos sobre
ello con el director de Dragonera, Martín Mayol, quien ciertamente
mostró afán de promover la protección del bienestar de la foca. Las
consellerías de Medio Ambiente y Agricultura y Pesca distribuyeron más
de 2.000 folletos explicativos de cómo se debe actuar para no molestar a
la foca en caso de un encuentro fortuito y lo que la ley dice al
respecto, pues está prohibido el acercamiento. Parece que esta foca, que
ha sido fotografiada en la isla del Toro, viene a hacer una llamada
de atención a las barbaridades que se están cometiendo con la
imperdonable ampliación del puerto de El Toro, que conlleva la
destrucción de la increíble extensión de 25.000 metros cuadrados de
praderas de poseidonea oceanica y la alteración de la dinámica litoral
de corrientes.
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