TORTUGAS MARINAS. LAS VIAJERAS DEL GRAN AZUL, por David Nieto Maceín.

 

Hace nada menos que 250 millones de años que las tortugas marinas viajan por todos los mares y océanos del mundo. Su ciclo vital ha sido y aún sigue siendo uno de los grandes misterios de la mar. Viven en constante migración; una tortuga laúd puede dar la vuelta al mundo completamente. Su sistema de orientación es sorprendente y desconocido para nosotros.

PISAR TIERRA SÓLO PARA ANIDAR.

Aman el mar y se desenvuelven en él de forma maravillosa. Las hembras pisan tierra solamente para poner sus huevos y después regresan al mar nuevamente. Los machos quizás no vuelvan a tierra nunca más. En las playas más recónditas realizan puestas de miles de huevos. Lo más fantástico es que vuelven al lugar en el que nacieron, a menudo muchos años atrás. Llegan a la playa desde febrero a junio y esperan en el mar hasta que se den las condiciones idóneas: marea alta y luna llena. En la playa salen cientos de tortugas al mismo tiempo. El momento de llevar a cabo la puesta es toda una aventura pues en la playa se termina la prodigiosa agilidad con la que se mueven en el agua. Sólo gracias a la increíble fuerza de sus aletas pueden arrastrar por tierra su pesado cuerpo, pero las cuesta respirar y han de detenerse a menudo. Sus ojos lloran para protegerse de la sequedad del aire. A veces se encuentran con troncos que estorban en su camino. Sólo cuando han encontrado un sitio idóneo, comienzan a cavar un agujero de casi un metro donde van a poner sus huevos. Esto les lleva largo tiempo. Al terminar la puesta, cubren el agujero con sumo cuidado. La arena hace de incubadora. Las puestas se repiten hasta 5 veces con 15 días entre una y otra para repartir los huevos en diferentes nidos, poniendo un total de unos 560 huevos. Es una forma de repartir el peligro y aumentar las posibilidades de supervivencia para la descendencia. Ya no volverán a poner en dos o tres años. Tengamos en cuenta que sólo 1 huevo de 10.000 sobrevivirá hasta llegar a la tortuga adulta.

EL MILAGRO DE LA SUPERVIVENCIA

La supervivencia de las tortugas en su infancia es un milagro de la VIDA. Los huevos pueden ser atacados por insectos que cavan galerías en la arena, lo que provoca gran número de bajas. Tras dos meses de incubación, salen del cascarón y han de realizar el esfuerzo de alcanzar la superficie “nadando” bajo la arena. Al anochecer salen todas de golpe y se dirigen velozmente hacia el mar siguiendo el reflejo de la luna en el agua. Los depredadores acechan en la playa y comienzan a cazar tortuguitas. En el agua también esperan los peces, que se dan un banquete de pequeñas tortugas en esas fechas. Las pequeñas supervivientes que superen la barrera de las rompientes, iniciarán una excitada natación (llamada “frenzy” o “frenesí natatorio”) de 24 horas que les llevará lejos, muy lejos, incluso 40 km mar adentro en ese día, orientándose en la oscuridad total de la noche con el movimiento ondulatorio de la mar detectando los movimientos orbitales del oleaje. Se sabe que algunas tienen respuestas innatas a la inclinación del ángulo y la intensidad del campo magnético, uno de los factores de los que parece que depende delicadamente su supervivencia. Las respuestas correctas al estímulo correcto en el momento correcto es lo que las mantendrá con vida a partir de ahora. Hasta haber alcanzado un tamaño suficiente, sólo una entre 20.000 logrará sobrevivir en los incontables peligros de la inmensidad del mar. Los primeros días aprovechan la energía del saco vitelino. Empezará  su “lost year” (año perdido), llamado así porque desaparecen de forma que hasta ahora no se sabía qué sucedía con ellas en su primera etapa en el océano. Ahora se sabe que los pequeños de muchas especies se dirigen al mar de los Sargazos, donde crecerán alimentándose de organismos gelatinosos y larvas. Pero esa fase sigue siendo muy desconocida. La fase del “lost year”, el año perdido, puede durar, en realidad, una década o más. Ciertas poblaciones de jóvenes se dispersan dentro de giros oceánicos específicos y se orientan con el campo magnético, como las crías. Así evitan desviarse a aguas frías o salirse del área de distribución de su ciclo de vida. Se diseminan pasivamente por las corrientes aunque pueden orientarse hacia una dirección y estar dentro de ciertos giros oceánicos. Así viajan decenas de miles de km atravesando océanos enteros. Los machos nunca más volverán a pisar tierra firme.

LA INJUSTA MANO HUMANA

Lo más grave es que a los peligros que la naturaleza las ha impuesto y a los que han adaptado su ciclo biológico en el acontecer de cientos de millones de años, se añade hoy uno mucho peor al que no pueden adaptarse: el ser humano, el ser más destructor del planeta.

Antiguamente, y aún hoy día en algunos lugares, los hombres buscaban sus huevos y los recogían por miles para venderlos para el consumo. Capturaban a todas las tortugas que encontraban en las playas en los penosos días de puesta para comérselas y, más tarde, para fabricar adornos con sus caparazones para vender a los turistas, sorprendentemente incapaces de darse cuenta de la masacre y de su responsabilidad. También se usó su aceite en el Caribe como afrodisíaco y en Arabia e India para la madera de las embarcaciones. El tráfico ilegal de productos derivados de tortugas ha sido dramático. En las islas vírgenes británicas la caza durante generaciones de laúd las redujo a sólo 5 hembras nidificantes y sólo entonces se las protegió. En muchos países del mundo los pescadores siguen capturando tortugas a pesar de su estricta protección legal.

Pero mayor problema es pérdida de playas de puesta por invasión turística. Invadimos y destruimos las playas donde antaño anidaban. En las pocas playas que aún quedan, clavamos nuestras sombrillas, destruyendo los nidos, o aprisionando la arena de forma que las pequeñas tortugas no podrán salir a la superficie cuando llegue el momento. La sombra de las sombrillas y toallas afecta también a la temperatura de la arena por lo que intervienen en el desarrollo de los embriones, que se convertirán en machos o hembras dependiendo de ese factor. De esta forma, al enfriar la arena, se provoca artificialmente que nazcan sólo machos. Y esto no es ninguna broma: con 29.5 grados nacen machos y hembras; pero si hace más calor nacerán sobre todo hembras; ya por encima de los 29.75, tan sólo 0.2 grados más de lo normal, nacerán exclusivamente hembras. Y por debajo de 29.5, machos.

Si las tortuguitas consiguen salir a la superficie, se dirigen a menudo equivocadamente hacia la luz de urbanizaciones, restaurantes, bares y discotecas. No saben cuál es su destino; ellas se deberían dirigir hacia el reflejo luminoso de la luna en el mar. Se las ha visto yendo en dirección contraria, e incluso morir aplastadas en una carretera junto a la playa, totalmente desorientadas nada más nacer. Las afortunadas que llegan al mar han de sobrevivir ahora a sus depredadores naturales pero también a la destrucción que el hombre provoca en el medio marino. Redes, plásticos, petróleo, productos tóxicos… Así, la ingestión de plásticos confundidos con medusas que componen su alimento termina en un penoso y dramático fin para muchas tortugas.

Cuando las tortugas son capaces de sobrevivir hasta la adolescencia, lo que consiguen muy pocas, los enemigos naturales se reducen muchísimo. Se podría decir que a partir de entonces podrían ser merecidamente felices por siempre en su longeva existencia, pero con el poco cuidadoso ser humano comienzan a sufrir un gravísimo riesgo: los anzuelos de palangre que son utilizados para la pesca de túnidos y pez espada. Millones de anzuelos flotan como trampas mortales. Y muchas tortugas son víctimas accidentales de estos anzuelos. Miles de jóvenes tortugas están muriendo de esta forma. Sólo en el Mediterráneo, cientos de kilómetros de líneas de anzuelos, con miles de anzuelos, esperan cada noche. ¡¡En todos los mares del mundo se calan al año unos 1400 millones de anzuelos!!. España, desgraciadamente, es una de las naciones con mayor potencia palangrera del mundo, dedicada especialmente al pez espada, pero también para túnidos como el bonito del norte. Y lo más terrible son las cifras: cada año están muriendo, sólo en los palangres, entre 250.000 y 430.000 tortugas marinas en el mundo, especialmente cabezona (caretta caretta) y la laúd (dermochelys coriacea). El 10% en el Mediterráneo, lo que es una barbaridad, teniendo en cuenta que este mar representa tan sólo el 1% de los océanos. Entre 20.000 y 35.000 tortugas caretta caretta mueren en los palangres españoles del Mediterráneo.

También los enredos de aletas en trozos de redes y trasmallos o cabos de nasas y boyas se convierten en trampas crueles y letales. Se ven muchas tortugas enredadas en estas trampas de nylon, agonizando con miembros amputados y la natación impedida. Están muriendo cientos de tortugas marinas adultas y subadultas en las destructivas redes de arrastre y de deriva. Cuando caminábamos por las playas de Sudamérica, resultaba terrible encontrarse con decenas de enormes tortugas, recién alcanzada su madurez, recién superados los miles de obstáculos que la vida les había impuesto, con la vida interrumpida para siempre por ahogamiento en una red de pesca. Para un amante de la mar es algo muy triste contemplar este hecho. Es una muerte inútil y sumamente rápida para un viajero del océano que ha recorrido miles de millas en la mar y en la VIDA para morir de esta forma sin haber ni siquiera dejado su semilla en la arena de la playa. Y pensar que por cada tortuga que muere en la red hubo 20.000 como ella que no pudieron sobrevivir… Pensar que ese fue el destino para la superviviente…

No es de extrañar que después de sobrevivir durante 250 millones de años en los azules océanos del planeta, los seres humanos, con la pesca intensiva derivada del sistema económico mundial del que TODOS SOMOS RESPONSABLES, hemos puesto a las tortugas marinas al borde de la desaparición en sólo unas pocas décadas.

 

GENERALIDADES SOBRE LAS TORTUGAS MARINAS EN ESPAÑA

Existen 8 especies distintas de tortugas marinas sobreviviendo en lo más azul del Planeta Azul. Generalmente se encuentran en mares tropicales y subtropicales pero algunas viven en mares templados (la verde chelonia mydas y la cabezona caretta caretta) e incluso aguas frías (la laúd dermochelys coriacea). La laúd tiene una dermis gruesa y tolera hasta 10º de temperatura del agua. La cabezona es la única común en España, donde se la conoce como “tortuga boba”. La verde y laúd son poco frecuentes. El principal núcleo de la caretta caretta en España son las Islas Baleares. Antes, su presencia era masiva en las islas, donde se capturaban tradicionalmente para el consumo. Hoy ya son muy difíciles de ver, si bien viven en las Baleares durante todo el año, invernando bajo las aguas del mar Balear.

Pero no existen ya playas de puesta en España. Sólo puestas ocasionales, quizás recuerdo filogenético de un glorioso pasado. En Formentera se han encontrado rastros en la arena de la playa del Mitjorn que evidenciaban la salida de tortuguitas a tierra. Podrían ser fenómenos relictos de tiempos muy lejanos de cuando las costas mediterráneas españolas fuesen utilizadas para el desove. En julio de 2001 sucedió algo fantástico: una persona que vigilaba las hamacas de un complejo turístico de Almería vio a una tortuga caretta salir del mar y realizar una puesta. En julio de 2006 también hubo un hecho maravilloso: dos socorristas de Valencia descubren, en una playa atestada de turismo, unos huevos. Sorprendentemente, se trataba de una puesta de tortuga caretta. Tuvo un final feliz. Trasladados a una playa protegida y vigilados las 24 horas durante 40 días, 75 pequeñas tortuguitas vieron por vez primera el cielo estrellado de la noche española, algo que se cree no había sucedido en 200 años. Y algo increíble volvió a suceder una vez más: en octubre de 2006, dos chicas que trabajaban en una playa turística de Barcelona descubrieron 14 pequeñas tortuguitas caretta que correteaban hacia el mar. Aún quedaban tortuguitas en el nido. Se sabe que sobrevivieron 40.

El 60% de las tortugas que viven en las islas Baleares y costas españolas nacieron en las playas del Caribe, en el golfo de México; pasaron seguramente su misterioso año perdido en el mar de los Sargazos, tomaron la corriente del golfo y así llegaron hasta el estrecho de Gibraltar y entraron en el Mediterráneo; un viaje increíble que les lleva 3 a 5 años de su vida, por lo que llegan con un tamaño de 40-45 cm. Las restantes son nativas del Mediterráneo oriental (Grecia, Turquía, Libia), con playas menos acosadas. Como regresan a la playa donde nacieron para reproducirse, las tortugas que viven en el Mediterráneo español son principalmente jóvenes subadultos. Un adulto de caretta caretta puede llegar a casi un metro de caparazón y 115 kg.

La laúd, ocasionalmente, realiza puestas en las islas Canarias, habiéndose reportado esto en 1991, 1992, 1993 y 1998. Las laúdes que vienen a aguas españolas son nativas de la Guayana Francesa, y llegan por la corriente noratlántica entrando en el Mediterráneo por el Estrecho, donde se han observado grupos enteros, lo que es algo extraordinario pues suelen ser solitarias.

LA ALIMENTACIÓN DE LAS TORTUGAS MARINAS

La mayoría de las tortugas se alimentan de medusas, tunicados pelágicos (que son organismos de cuerpo blando y gelatinoso cubierto por una túnica), peces pequeños, crustáceos y moluscos bentónicos (del fondo, como erizos y esponjas). La tortuga laúd se alimenta principalmente de medusas. La tortuga verde es carnívora en su juventud, pero después se hace principalmente herbívora, alimentándose de algas que encuentra en las rocas sumergidas de las costas.

¿QUÉ LAS DIFERENCIA DE LAS DEMÁS TORTUGAS?

Las tortugas marinas se han adaptado a la natación transoceánica y a los grandes viajes. Sus extremidades delanteras se han modificado prolongando los huesos y convirtiéndose en aletas con las que pueden literalmente volar bajo las aguas. Así pueden realizar migraciones por todos los océanos del mundo. Las extremidades posteriores se han modificado transformándose en una forma de remos con membrana, al igual que las tortugas de agua dulce. La cabeza es grande y no se puede esconder en la concha. Las extremidades tampoco pueden esconderse. A cambio, el diseño hidrodinámico es mucho más eficiente.

Datos curiosos:

-Un juvenil de tortuga caretta caretta marcado en Okinawa en 1985 fue recapturado en 1987 en San Diego, California, a 8000 km de distancia.

-En 1992 apareció misteriosamente una tortuga laúd en el Puerto de Palma de Mallorca. Debió ser una equivocación de rumbo por la pérdida de capacidad para apreciar la distancia recorrida. Algunos autores suponen que calculan su posición de forma similar a la estima en navegación, manejando el rumbo y la distancia navegada. Podría influir la posición de los astros. Aquella tortuga estaba anillada en la Guayana Francesa; fue liberada en la isla de Cabrera, pero, finalmente, apareció muerta. Lo más sorprendente es que iba a poner huevos. Nadie entiende qué hacía allí aquella tortuga. ¿Acaso una equivocación de rumbo?. La playa de puesta debería ser en la Guayana, ¡¡¡al otro lado del Atlántico!!!.

- Desde el Caribe y Golfo de México llegó a Cangas, Vigo, una tortuga bastarda joven lepidochelys olivacea, muerta, única cita en España. Fue en febrero de 1985. Se supone que vino siguiendo la corriente del golfo y al enfriarse las aguas debió debilitarse y morir.

Desde que salen del huevo hasta que regresan a esa playa a reproducirse pueden pasar 10 a 50 años o más. Y puede continuar anidando durante 20 años o más.

Cualquier muerte de adultos o jóvenes grandes es una amenaza seria.

 

LA TORTUGA LAÚD, EL COLOSO DE LOS OCÉANOS.

La laúd mide hasta 2 metros de longitud e incluso hasta 3 metros de envergadura, con pesos de media tonelada. Es pelágica (vive en alta mar), y gracias a sus enormes aletas, pueden alcanzar en el mar increíbles velocidades, hasta 40 km/h, lo que en el agua es muchísimo. Las demás tortugas tienen un caparazón formado de placas óseas, pero la tortuga laúd posee una piel que forma unas aristas longitudinales por las que se conoce como 7 quillas en el Uruguay. Esto la hace mucho más hidrodinámica y la permite, dada la mayor flexibilidad del caparazón, soportar la presión a grandes profundidades, pudiendo llegar a los 1000 m, lo que supera a todos los vertebrados (excepto al cachalote y quizás al elefante marino). En la cabeza tampoco tiene escamas al contrario que las demás tortugas y su color es gris oscuro o negro con manchas por todo el cuerpo.

Se alimenta principalmente de medusas, que come en gran cantidad dado su tremendo tamaño. Por eso, sigue las corrientes marinas y los bancos de medusas que viajan a la deriva; de esta forma, pueden recorrer distancias increíbles. Una hembra marcada y recapturada recorrió 6600 km en un año. Las laúdes viajan de las playas de puesta de Sudamérica hasta el mar del Labrador, en Canadá, para alimentarse en los bancos de medusas.

Otros nombres con los que es conocida: 7 quillas (en Uruguay), baula (en Venezuela), Kawama (en Guayana).