ANAGEF VISITA LAS PLAYAS DE PUESTA DE TORTUGAS MARINAS DEL MEDITERRÁNEO EN TURQUÍA.

En junio 2008 los coordinadores del Proyecto Exploradores del Planeta Azul nos internamos ligeramente en Asia, concretamente viajando hasta la costa sur de Turquía. Nuestro objetivo: llegar hasta las últimas áreas de puesta de las tortugas marinas del Mediterráneo.          
Es uno de los lugares más fantásticos del Mare Nostrum. Si leéis el artículo "Tortugas marinas, viajeras del gran azul" os daréis cuenta  de hasta qué punto es maravilloso encontrarse con la huella de un gigante de las profundidades, que ha salido de las aguas, tras cientos de millas recorridas, con tantas experiencias y encuentros vividos en su largo navegar, con tantísimos peligros superados durante su existencia, para colocar cuidadosa y pacientemente sus huevos en la misma playa en la que vio por primera vez la luz de los astros reflejada en el mar. Os cuento que arrastran su pesado cuerpo penosamente por la arena y sólo pueden lograrlo gracias a la tremenda potencia de sus aletas, que evolucionaron nada menos que 250 millones de años atrás y no cambiaron ya pues son el instrumento más fantástico creado por ser viviente alguno para moverse en el infinito azul. Para un amante de la mar es maravilloso encontrarse con la huella misteriosa del reptil gigante, que ha salido durante la noche y ha regresado a las aguas, dejando tras de sí esa única señal de su penoso avance sobre la arena.

La supervivencia de una tortuguita hasta la edad adulta es un auténtico milagro de la VIDA. La invasión turística es la mayor causa de la desaparición de las tortugas marinas. El turismo masivo que destruye las playas de puesta. El turista insensato que clava la sombrilla en la arena, sobre el nido que con tanto mimo cavó la madre tortuga durante toda una noche de duro sufrimiento y riesgo vital. El turista que con la sombra de su sombrilla y su toalla está interviniendo en la incubación solar de los huevos; esos huevos que la tortuga sólo pone cada dos o tres años y no antes de haber cumplido unos 20 años de supervivencia casi imposible en el mundo que vivimos. El turismo que destruye la playa, que la llena de luces que confunden a las tortuguitas que salen del cascarón y que acuden a la llamada del mar siguiendo el mensaje de la Madre Naturaleza, el mismo mensaje que siguieron desde hace cientos de millones de años sus ancestras y que es el de dirigirse hacia el reflejo de la luna en las aguas. El turismo masivo que tantas y tan terribles catástrofes ha causado y está causando a lo largo y ancho de las costas. El turismo "a toda costa".
Para controlar este tema, estas playas turcas se están gestionando con vigilancia y normas bajo ley. La guardería del Área de Especial Protección para las Tortugas Marinas de Köycegiz/Dalyan nos puso al corriente de cómo están gestionando la protección de estas playas en toda la zona. Hay una serie de normas que han de cumplirse, por Ley, por parte de todos los visitantes. Lo principal es que a partir de las 20 horas la playa ha de quedar vacía. Sólo la guardería tiene acceso al área de puesta de las tortugas. Las tortugas pueden empezar a arribar a la playa en cualquier momento tras el ocaso, dependiendo de las mareas. La playa está delimitada en sus zonas de permanencia sobre la arena. Hay una zona libre, que es la batida por el mar, donde no hay puestas. Tras ella hay una zona prohibida en la que uno puede caminar pero no permanecer con su toalla, estando prohibido hacer sombras y clavar sombrillas. Esta zona abarca hasta una considerable distancia del mar, delimitada por unas estacas. He aquí una foto denuncia de una familia que no quiso tener en cuenta la normativa, por lo que hubo que dar aviso a la guardería. Como veis, la sombrilla está clavada dentro de la zona prohibida y creando sombras con toallas y bolsas.

Aquí veis la huella de una tortuga hasta el lugar donde están ocultos los huevos bajo la arena, y la huella de regreso al mar. De todas formas, las estacas son casi a nivel orientativo, pues hemos comprobado que muchas tortugas las pasan ampliamente. En esta imagen se ve un nido que había sido hecho el 8 de junio según los datos de los guardas y que había sido saqueado por algún predador durante la noche. Los cascarones de los huevos estaban esparcidos. El nido estaba cavado muy lejos de la orilla del mar y la tortuga había superado ampliamente la línea de estacas.

Aún descubrimos algo mucho más sorprendente. Fijáos en estas dos fotografías.
 
En la primera, una huella larguísima que viene desde el mar, pasa por la hilera de estacas, y sigue durante larga distancia hasta salir a la arena dura y, como vemos en la siguiente imagen, la tortuga ha ido a introducirse en una charca. ¿Qué estaba pasando aquí? ¿Acaso había algo que la Naturaleza nos estaba ocultando? ¿Algo que desconocemos sobre el comportamiento de las tortugas reproductoras cuando salen a las playas? ¿Qué era lo que estaba sucediendo?. Durante días nos retorcíamos la imaginación intentando descubrir cuál era la causa de que aquella huella misteriosa hubiese llegado tan lejos. Ciertamente, aquella huella se perdía en una charca en la que no había ninguna tortuga. Pero quizás aquella charca se comunicó, en los días en los que fue marcada aquella huella, hoy seca sobre el barro, con las aguas que ocupan el delta del río, que forma un amplio humedal tras las rocas que hay junto a la charca. Probablemente haya mucho que descubrir acerca de semejante conducta, muy desconocida. Y desde luego nunca resolvimos aquel increíble enigma. Pero ciertamente, quedamos estupefactos cuando llegamos navegando por el río desde el pueblo hasta el fantástico delta que se abre en la playa.
Allí descubrimos algo que nunca podríamos haber imaginado. Las tortugas, que como cuento en el artículo realizan varias puestas separadas por un par de semanas para así aumentar el índice de supervivencia de su descendencia, entraban en el delta, supuestamente por mar con la marea alta. Una pareja de gigantes quelonios marinos se movía en las aguas del delta y, confiadamente, se acercaba a los pescadores que las ofrecían cangrejos azules de la especie callinectes sapidus, que crían abundantemente en aquellas aguas (exactamente el mismo que es abundante en las costas del Uruguay, lo que me sorprendió; confirmamos nuestras sospechas: el cangrejo azul había sido introducido aquí, por vía humana, desde el Atlántico occidental). ¿Y qué estaban haciendo en estas aguas las tortugas? ¿No son muy dulces las aguas del delta?. Estuvimos hablando con un amable amigo biólogo natural del lugar y nos contó que el flujo del delta varía constantemente con las mareas y que muchos kilómetros hacia el interior, incluso en el mismo pueblo, a varios kilómetros del mar, el agua es muy salada, especialmente en su parte inferior. Las tortugas pasan los días de descanso entre puesta y puesta alimentándose y descansando en el delta pues las aguas serenas y repletas de crustáceos les ofrecen un idóneo lugar para el reposo. El macho y la hembra, juntos, nadan bajo las aguas. Observamos sus enormes cabezas emergiendo para respirar y observar a los pescadores que les ofrecen sus cangrejos.
Una tortuga marina se sumerge en las profundidades misteriosas de las aguas.
 


 

En esta imagen podéis ver a una tortuga comiendo de la misma mano de los pescadores. En algunas ocasiones la hembra arremetía contra el macho bajo el agua y el sonido que producía la potencia de su avance y el choque de sus caparazones era impresionante.
 
 

Artículos de ANAGEF relacionados con las tortugas marinas:

http://www.anagef.com/fyrdne/tmvdga.htm