¿QUIÉN ES JANE GOODALL?, Por David Nieto Maceín

    

Jane Goodall es la más prestigiosa etóloga del mundo; una de las científicas más notables de la historia y una referencia a nivel mundial en el mundo de la conservación de la naturaleza. Es la máxima representante de la Etología de nuestro tiempo y primera autoridad mundial en el estudio de los chimpancés, ha dedicado su vida a la investigación científica en este campo. Sus trabajos constituyen una trascendental aportación para comprender el origen de nuestra especie, su evolución y comportamiento. Pero además de eso, es una persona sencilla que lleva en lo más profundo el espíritu de las selvas de Gombe. Y esto se refleja en su mirada serena. Desde hace muchos años, ha consagrado su vida a transmitir un mensaje al mundo. Un mensaje de amor a la naturaleza, a los animales y a la VIDA. Para ello ha tenido que renunciar a vivir cerca de aquello que más ama: las selvas y los chimpancés. Pero ha fundado el proyecto de educación ambiental más maravilloso del mundo.              

La historia de Jane es muy especial:

Jane nació en Londres en 1934 y fue una niña especial que amaba profundamente a los animales y gustaba de vagar libre por la naturaleza.

“Mis recuerdos de infancia son de hecho inseparables de mis recuerdos de Rusty (…). Era mi compañero de juegos, y me enseñó muchas cosas sobre la verdadera naturaleza de los animales”.

“Además de leer, me encantaba escribir cuentos, y también poesía, en especial sobre la naturaleza y la alegría de vivir. Vivía para los fines de semana y las vacaciones escolares, porque, con Rusty, podía vivir al aire libre y corretear por aquellos acantilados (…). Y por encima de todo la libertad”.

“De niña no me gustaba nada ir a la escuela. Soñaba con la naturaleza, con los animales y con la magia de los lugares salvajes y remotos”.

“Como la mayoría de los niños antes de la era de la televisión y de los juegos informáticos, me gustaba estar al aire libre, jugando en los rincones secretos del jardín, familiarizándome con la naturaleza”.

“No éramos ni mucho menos una familia rica, pero el dinero no era importante. Qué más daba si no teníamos coche, ni una bicicleta, ni vacaciones caras en el extranjero; teníamos suficiente para comer, para comprar un poco de ropa, y amor, risas y alegría a raudales. En efecto, tuve la mejor infancia posible (…).Ojalá todo el mundo pudiera tener una niñez así(…). El mundo sería muy diferente, estoy segura”.

Amante de la lectura, leía los libros de Tarzán y soñaba con ir a África y vivir con los animales salvajes. Estaba enamorada de Tarzán y celosa de su tocaya Jane. Tenía un árbol favorito, una haya llamada Beech (Haya), que me contó que aún vive y que ahora es muchísimo más grueso y fabuloso; en aquel árbol pasaba horas y horas leyendo o meditando, oculta entre sus ramas. Se apoyaba en el tronco de Beech y escuchaba para sentir su fuerza vital.

Ella soñaba con dedicarse a los animales salvajes; era algo muy difícil de conseguir, pero su madre, Vanne, a la que nombra siempre en todas sus conferencias y a la que no deja de agradecer su ayuda ningún día de su vida, le dijo que, si ponía empeño, alcanzaría su sueño.

Termina sus estudios superiores a los 18 años pero no tiene dinero para la Universidad. Se va a Londres para estudiar para ser secretaria pues pensó que así podría trabajar en cualquier lugar del mundo, algo que el tiempo demostró no ser equivocado. África y la fauna salvaje estaban en sus sueños. Realizó pequeños trabajos y estando en Londres recibe una carta de su amiga Clo. "Una invitación mágica". Era una invitación para ir a visitarla a Kenia, donde vivía. Entonces Jane tenía 21 años y todo cambió en su vida. Deja su trabajo en Londres y vuelve a la casa familiar de Bournemouth para ahorrar. Quería comprar su billete de barco a Kenia. Y se puso a trabajar de camarera en un hotel. Iba a poder hacer realidad la fantasía de su infancia. Tras cinco meses trabajando, tenía el dinero que necesitaba.

 "...y mi vida cambiaría para siempre".

Así que viaja a África en un transatlántico y allí queda entusiasmada con todo lo que ve. Consigue un trabajo como secretaria en Nairobi y, por suerte, una cita con el arqueólogo y paleoantropólogo Louis Leakey.

Éste la ofrece ser su secretaria personal en el Museo así que aprende muchísimo sobre la fauna y las tribus africanas.  Jane tuvo la fortuna de ser invitada por Leakey y su mujer a la garganta de Olduvay, y de esta forma recorrió el Serengueti de Ngorongoro a Seronera en una época en la que no llegaba ningún tipo de turismo y todo estaba absolutamente salvaje y virgen. Allí, Leakey y su mujer habían encontrado herramientas labradas un millón de años antes e intentaban encontrar fósiles de antepasados humanos. De hecho, en aquellos años ellos encontraron en aquel lugar el cráneo del que se llamó australophitecus boisei, después los restos del homo habilis, kenyapithecus africanus y homo erectus, en una época en la que los científicos no creían en el origen africano del hombre (a pesar de haber sido propuesto por Darwin). Leakey fue el más importante paleoantropólogo del mundo y la garganta de Olduvay referencia mundial como cuna del origen del ser humano.

“Durante casi 14 años había soñado con ver África, con vivir en un medio salvaje entre animales salvajes. Y de repente, cuando me desperté por la mañana, vi que estaba realmente viviendo mi sueño; el sueño se había convertido en realidad, los animales estaban allí, en los alrededores (…)”

En los meses de Olduvay vive varias aventuras, como ser seguida por un león o un susto con un rinoceronte. Todo lo vivido allí, conociendo los fósiles y útiles de los primeros ancestros del hombre, contribuyó a formar su filosofía sobre el progreso de nuestra especie a través del tiempo, la aparición de la moralidad y nuestra finalidad en el esquema global de las cosas. Leakey influyó mucho en ella.

Leakey estaba entusiasmado con el estudio de la evolución de nuestros ancestros y después de aquella estancia la empezó a hablar de los chimpancés, gorilas y orangutanes. Pensaba que cualquier conducta común entre humanos y chimpancés habría estado presente en nuestros comunes ancestros. Quería estudiar a los grandes primates en estado salvaje pues no se sabía nada sobre ellos; su estudio era algo "imposible". Así fue como surgió la idea. Jane fue la elegida. Ella no tenía estudios pero eso era algo que a él no le interesaba lo más mínimo. (Años más tarde, Leakey enviaría a Dyan Fossey a estudiar gorilas de montaña y a Birute Galdikas orangutanes a Indonesia)

El Gobierno no permitía que una jovencita se quedase sola a vivir en las selvas. Así que ¿quién fue quien la acompañó? Vanne, su madre. Y llegan a Gombe el 16 julio 1960 (años después aquel lugar se convertiría en Parque Nacional). "Era como un sueño", dice Jane. Muchos pensaron que no volverían a verlas nunca. Al mes de llegar enfermaron de malaria. Pero se salvaron.

“(…) y, sola, empecé a subir por la frondosa pendiente frente al campamento. Y entonces sentí la exaltación y la magia de todo aquello (…). El olor de Gombe”.

“Y cuando me acosté en mi cama de campaña bajo las estrellas (…) ya sentí que pertenecía a aquel nuevo mundo selvático, que allí era donde tenía que estar”.

Aquel día que ella se encuentra convaleciente aún de la malaria y sube la pendiente fue un día memorable para ella. Un punto de inflexión en su vida; pues fue cuando descubre un lugar especial: la Cima.

Un lugar privilegiado dominando dos valles. Allí descubre a los chimpancés y a partir de entonces va a vivir los momentos más emocionantes de su vida, pues hasta el momento los chimpancés huían de ella y era incapaz de observarles. A partir de ahora iría descubriendo nuevas cosas cada día. Se levantaba antes del amanecer y subía a aquel lugar para esperar, a veces durante horas, la aparición de los chimpancés. Y se fue familiarizando con ellos. Tenía que estar muy atenta porque a veces se movían muy cautelosos. Así que pudo percibir muchas sensaciones maravillosas de la selva.

A los 3 meses, tras una frustrante mañana, vive algo que la emociona. Sube a la Cima cansada de no ver nada cuando de pronto descubre a un chimpancé al que había bautizado como David Greybeard capturando termitas con ramitas.

Los chimpancés, efectivamente, utilizaban herramientas. En cuanto pudo envió un telegrama a Leakey, que respondió con una frase que se hizo famosa: "¡Ah! !¡Ahora habrá que redefinir al hombre, redefinir los útiles o aceptar que los chimpancés son humanos!”.

Aquel descubrimiento de Jane resultó ser una revolución científica en la etología y también en la teología. Gracias a semejante descubrimiento, Leakey recibe financiación de la National Geographic para continuar el estudio. A los 5 meses, su madre regresa a Inglaterra, y Jane queda sola.

Pero su madre había entablado unas relaciones extraordinarias con las poblaciones locales, lo que proporcionó a Jane una ayuda de incalculable valor hasta el día de hoy. Jane permanece allí, por el momento, durante un año más. (En la foto, su madre en el campamento hablando con los lugareños que han venido a verla).

“y poco a poco pude ir penetrando en un mundo mágico totalmente inexplorado por ningún humano: el mundo de los chimpancés en estado salvaje”.

“Aquella existencia en la selva me absorbió por completo. Fue un período sin igual, cuando el hecho de estar sola se convirtió en una forma de vida; en una oportunidad perfecta para meditar acerca del significado de la existencia y de mi papel en todo ello”.

“Aquellos meses en Gombe contribuyeron a modelar la persona que he llegado a ser en la actualidad. Porque, en efecto, habría demostrado tener muy poca sensibilidad si el milagro y la infinita fascinación de aquel nuevo mundo no hubieran ejercido una profundo influencia en mi manera de pensar. Cada día me acercaba un poco más a los animales y a la naturaleza y, por lo tanto, también a mí misma, y me sentía más acorde con el poder espiritual que respiraba a mi alrededor. Quienes han experimentado el placer de estar a solas con la naturaleza no necesitan más palabras; y a quienes no lo han conocido les diré que ninguna palabra podrá jamás describir el fabuloso contacto, casi místico, con la belleza y la eternidad que nos embarga de forma repentina y totalmente inesperada”.

“Cuanto más tiempo pasaba a solas, más me confundía con el mundo mágico y frondoso que ahora era mi hogar”.

“Y desarrollé en particular una profunda consciencia del ser de los árboles. Les palpaba, les sentía. “Cuando llovía me gustaba quedarme en la selva y escuchar el ruido de las gotas de lluvia en las hojas y sentirme plenamente integrada en un mundo crepuscular de colores (…)”.

Se quedaba muchas noches a dormir en la Cima. Para ella eran "noches encantadas" a la luz de la luna, "sobrecogida por tanta belleza". Escuchando los sonidos de la selva. En una ocasión los rugidos de un leopardo que rondaba. Se fundió con las selvas y era capaz de percibir hasta el antílope antes de verle en la foresta.

     

Un aspecto muy interesante de Jane es que se saltó todos los cánones establecidos en aquellos tiempos de la etología científica, lo que decía mucho de su carácter rebelde y su fuerte personalidad. Ella personificó a cada uno de los chimpancés en una época en la que la corriente científica no veía con buenos ojos el empatizar con los sujetos de estudio. Se puede decir que fue un hito y un punto de inflexión en la investigación etológica. Su perro Rusty fue el primero en dejarla clarísimo que los animales tienen su propia personalidad, pueden razonar y resolver problemas, poseen mente y emociones. Ella nos dijo en estos días que estuvo con nosotros que su primer maestro había sido precisamente Rusty.

"Menos mal que no hice caso porque parte considerable de mis conocimientos sobre estos seres inteligentes fue posible porque sí sentí esa empatía hacia ellos”.

Poco a poco conociendo íntimamente a los chimpancés. Consiguió que pasasen del miedo a la aceptación total, algo que ningún ser humano jamás había conseguido con los chimpancés salvajes.  Y vivió con ellos, como lo había hecho el Tarzán de sus libros infantiles.

“Mi favorito de siempre, David Greybeard, con su personalidad serena y digna. Y como en seguida me perdió el miedo, me ayudó a ganar la confianza de los demás. Su aceptación del simio blanco significaba que, después de todo, yo no podía ser tan temible (…) Siempre que veía su hermoso rostro y su inconfundible barba gris era feliz” (Nota: la foto es de su libro "A la sombra del hombre". Ella nos buscó la foto en el libro para mostrárnosla y hablarnos de la mirada de David y decirnos que era una foto que la encanta)

"A veces David dejaba que lo siguiera, y esto me enseñó mucho".

Pero después fue descubriendo muchas más cosas. Los chimpancés utilizaban instrumentos de forma compleja, fabricaban y modelaban instrumentos, usaban unos instrumentos para modelar otros, y transmitían sus conocimientos de forma cultural. Aquello fue una nueva revolución científica.

“Observé que podían razonar y planificar el inmediato futuro. (…) Vi a los chimpancés usar y modificar otros objetos a modo de instrumentos, como doblar hojas para recoger el agua de lluvia que salía del hueco de un árbol. Podían convertir las piedras en proyectiles (…) las posturas y los gestos (…) muchos de ellos comunes a todas las culturas humanas del mundo (…) en el mismo contexto y con el mismo significado que tenían para los humanos. Descubrí que existían vínculos sumamente duraderos de afecto y de ayuda mutua (…) vi que se ayudaban entre sí (…) que podían guardar rencor (…) que su sociedad era compleja (…) Comprenden la diferencia entre la vida y la muerte."

Jane viaja a Inglaterra para estudiar etología en la Universidad y conseguir credenciales académicas, animada por Leakey. Finalmente, en 1965, consiguió su doctorado en Etología por la Universidad de Cambridge. Con el tiempo, gracias a sus descubrimientos, recibiría más de 20 doctorados Honoris Causa por universidades de todo el mundo.

Pero durante los años del doctorado no abandonó Gombe y los chimpancés. Se publicaron sus artículos científicos y la National Geographic filmó un documental que se titulaba "La señorita Goodall y los chimpancés salvajes"(1963) y publicó artículos sobre ella, lo que inició su fama mundial. En los años 1963 y 1963 recibió también de la National Geographic el Premio Franklin Burr de Contribución a la Ciencia. Después fue profesora adjunta en varias universidades, lo que tenía que tuvo que compaginar con Gombe.

Pronto crea el Centro de Investigación de Gombe, que con el tiempo se convertiría en uno de los centros interdisciplinarios de campo más dinámicos del mundo en materia de comportamiento animal. Dio su primera gira de conferencias por EEUU. Con ocasión de estas giras tenía que abandonar Gombe.

“Dejar Gombe era siempre una vivencia desgarradora”.

“En realidad era yo la que había cambiado. Tras tantos meses en Gombe veía ese mundo “civilizado” que hemos creado con nuevos ojos, un mundo de ladrillos y de mortero, de ciudades y edificios, de calles y automóviles y máquinas. La naturaleza era casi siempre bella y espiritualmente enriquecedora; en cambio, el mundo creado por el hombre casi siempre parecía terriblemente feo y espiritualmente pobre (…) en lugar de la paz de la selva eterna y de las vidas sencillas y llenas de sentido de sus habitantes, me sentía devorada por la febril competitividad materialista y despilfarradora –terriblemente despilfarradora- de la moderna sociedad occidental. En lugar del suave susurro de las hojas, del dulce suspiro de las olas en la orilla, del canto de los pájaros y de los grillos, mis oídos padecían de los ruidos del tráfico, la música rock demasiado fuerte, las voces estridentes, y ningún silencio. En lugar de la fragancia de las flores de la noche y del olor a tierra húmeda después de la lluvia, respiraba los humos de la gasolina o del gasoil (…)

 

Publica su primer libro "Mis amigos los chimpancés salvajes" (1967). Pero también investigó la conducta social de la hiena manchada y de los papiones. Unos años después publica "En la senda del hombre", que fue un bestseller mundial traducido a 47 idiomas. Su carrera comenzó a ser imparable. Fue profesora adjunta de la Universidad de Stanford (EEUU) y después en otras muchas universidades así que tenía que ausentarse de Gombe de vez en cuando. Pero para entonces tenía un buen equipo de investigadores en el Centro. Jane crió a su hijo Grub en la selva de Gombe, junto a los chimpancés.

En los años 70 descubren que los chimpancés mantienen guerras análogas a las de algunas tribus humanas. Así que Jane descubre detalles sobre el origen genético y evolutivo de la agresividad en el ser humano; era una época en la que no se daba valor a esa parte genética. Asiste a una conferencia de la UNESCO en París que trata sobre la agresividad. Presenta este descubrimiento que resulta ser otra revolución científica en el ámbito de la etología y la biología de la conducta humana. Descubrió cosas interesantísimas sobre la fascinación por el peligro como origen de las guerras y que los chimpancés son precursores de lo que se llama pseudoespeciación o especiación cultural, algo muy desarrollado en las culturas humanas y que ella dice que tiene consecuencias catastróficas para la moral humana y el progreso espiritual. Que es un obstáculo para el librepensamiento porque nos encierra en nuestra cultura nativa. Un impedimento claro para la paz mundial.

"Mientras sigamos dando prioridad a la pertenencia a nuestro pequeño y limitado grupo en detrimento de la aldea global estaremos propagando el prejuicio y la ignorancia. "

“Mi pregunta era: ¿cuánto de nuestro camino humano, de ese camino que ha generado el odio, el mal y la guerra, habían recorrido también los chimpancés?”.

Si bien la conducta agresiva humana es única porque los chimpancés no son capaces de crueldad en el sentido humano. Sólo los humanos infligimos deliberadamente dolor físico o mental a otras criaturas vivas, pese –e incluso gracias- a nuestro conocimiento del dolor infligido. Llegaba, así, a la conclusión de que sólo nosotros tenemos capacidad para la maldad. Y en nuestra maldad hemos ideado una serie de torturas que, a lo largo de los siglos, han causado indecible agonía a millones de seres humanos. Era consciente, pues, de que la perversidad humana es infinitamente peor que la peor de las agresiones de los chimpancés”. Pero dice que no tenemos que ser esclavos de nuestra crueldad genética porque los aspectos generosos y altruistas son también nuestra herencia primate. Así que ella también estudia, en los chimpancés, las raíces del amor. "

Sus estudios se usaron para demostrar el origen genético de la agresividad humana. Pero ella descubre que los chimpancés pueden controlar sus impulsos agresivos en un momento dado. La esperanza para nuestro futuro radicaba, por tanto, en que tenemos el poder de superar la herencia genética.

Jane vive momentos durísimos y pérdidas terribles en su vida. Pero se aferra a un mensaje de su abuela que dice: "Como sean tus días, así será tu fortaleza". De ahí proviene la fuerza espiritual de Jane a pesar de su aparente fragilidad. Y su espíritu sereno y meditabundo se debe, quizás a que, como ella dice, "había aprendido a preservar la paz de la selva en mi interior”. Y la misma selva la ayudó a superar las dificultades y durezas de la vida.

“Las horas que pasaba en la selva siguiendo, observando o simplemente estando con los chimpancés no sólo arrojaban datos científicos, sino que me colmaban de una paz que me llegaba a lo más profundo”.

"De aquellos días recuerdo uno en particular, y lo hago con un sentimiento casi reverencial. Estaba tumbada (…) a cierta altura, estaba David Greybeard comiendo higos (…)” “aquel día sentí que el viejo misterio volvía a cautivarme, que volvía aquel silencio interior. Fue como volver a entrar en un hermoso sueño”. “Estaba allí tumbada, como un fragmento más de la naturaleza, y experimenté de nuevo aquella mágica intensificación del sonido (…) Tenía clara conciencia de movimientos secretos en los árboles. (…)es poco menos que imposible describir la renovación de conciencia que se posee cuando se abandonan las palabras. (…) las palabras pueden intensificar la experiencia pero también pueden empobrecerla. (…) las palabras son parte de nuestro yo racional, y olvidarnos de ellas durante un rato equivale a dejar que nuestro yo intuitivo vuele con entera libertad.”

Pero de pronto David baja del árbol. Ella se levanta despacio. Él se sienta y se pone a mirar la bóveda de la selva.

(…) pensé en el asombroso privilegio de verse así, totalmente aceptada por un animal libre y salvaje. Es un privilegio que nunca daré por sentado”.

Lo que sucedió después quedó en ella grabado para siempre y lo recuerda tan vivamente como el primer día. David se puso en marcha y ella le siguió. Ella se enredó en lianas y creyó perderle. Pero le encuentra sentado, como esperándola. Le miró a los ojos

“parecían expresar toda su personalidad, su tranquila seguridad en sí mismo, su dignidad”. “A veces me devolvía la mirada, como hizo aquella tarde. Sus ojos parecían ventanas que me invitaban a mirar el interior de su mente…”  “Desde aquel día ya lejano ¡cuántas veces he deseado poder mirar el mundo exterior, aunque sólo fuera durante un segundo, a través de los ojos y la mente de un chimpancé! Un minuto así valdría por toda una vida de investigación. Porque estamos confinados en lo humano, cautivos de nuestra perspectiva humana, de nuestra visión humana del mundo.”.

Entonces ella coge un fruto y se lo ofrece. Él se estira para cogerlo y lo deja caer pero la coge suavemente de la mano.

“no fueron necesarias las palabras para comprender su mensaje tranquilizador: no quería el fruto, pero había entendido mi motivación (…) aún recuerdo la suave presión de sus dedos. Nos habíamos comunicado en un lenguaje mucho más antiguo que nuestras palabras, un lenguaje que compartíamos con nuestros ancestros (…) un lenguaje que unía nuestros respectivos mundos. Y me embargó una profunda emoción.” Después él se levantó y se fue, y ella no le siguió sino que se quedó allí escuchando el correr del arroyo “aferrada aún a aquella experiencia para que pudiera penetrar en mi corazón para siempre”.

 

En 1976 se funda el Instituto Jane Goodall con el apoyo de con la princesa Genevieve di San Faustino en San Francisco, con el fin de asegurar el futuro de los chimpancés de Gombe y divulgar sus programas y objetivos. Jane, aferrada a sus convicciones, luchadora empedernida, muestra ser un genio creando maravillosos programas de reforestación, de agrosilvicultura, de control de la erosión, de conservación y educación en las aldeas... Microcréditos para mujeres en proyectos de desarrollo sostenible... abriendo servicios básicos de salud, centros de planificación familiar y prevención de sida, ayudas para agua potable, etc, y patrocinando proyectos de investigación en Burundi, Sierra Leona y Gambia. Asimismo, ha creado una Cadena de Santuarios, lugares en los que los chimpancés huérfanos confiscados a furtivos y comerciantes ilegales son cuidados y protegidos; el mayor está en Congo, y otros dos en Uganda y Kenia.

 

Dos años después de nacer el IJG, fallece su marido tristemente y esto es un golpe brutal que sólo gracias a la selva, los chimpancés y sus perros pudo superar. Su espíritu se recuperó en Gombe.

“esas horas siempre llegaban a lo más profundo de mi ser (…) los chimpancés nacen, crecen, enferman y mueren. Y siempre están los jóvenes para perpetuar la vida (…) estas cosas devolvían un sentido de perspectiva a mi vida, y con él la paz”.

“la selva, y el poder espiritual tan real que se respiraba en ella, me habían dado la paz más allá de lo comprensible”.

“Los perros pueden ser un gran consuelo y, desde que Rusty me ayudó a perfilar mi actitud hacia los animales –y la ciencia-, han desempeñado un papel muy importante en mi vida”.

Un día llega a Gombe tras 6 semanas por EEUU de clases, actos benéficos, conferencias, reuniones, campañas de sensibilización… Al amanecer se fue con sus prismáticos, un cuaderno y lápiz y uvas (que es lo que siempre lleva para comer en la selva).

“¡Qué bien estar por fin sola y poder recrearme con aquella vida sencilla que había alimentado mi espíritu durante tanto tiempo!”.

“¡Qué bien estar de nuevo en Gombe, sola entre los chimpancés y en su frondoso bosque! Atrás quedaba aquel otro mundo frenético y materialista, lleno de perversidad y egoísmo y, por un momento, pude sentir, igual que los primeros días, que formaba parte de la naturaleza. Me sentía en completa armonía con los chimpancés, porque pasaba horas con ellos, no para observarles, sino simplemente porque necesitaba su compañía, sin obligaciones y sin sentimientos de conmiseración”.

Vio la cima y le trajo tantos recuerdos… y se quedó meditando en tantas cosas… y le sobrevino una tormenta con sus rayos y truenos. Una lluvia torrencial; los chimpancés buscaron refugio en los árboles y ella bajo una palmera. Fifi estaba arriba con su pequeña y Frodo. Freud también. Empapada, recibiendo la lluvia con los chimpancés, helada de frío, perdió la noción del tiempo, absorta. Una hora bajo la lluvia torrencial.

“Yo y los chimpancés formábamos una unidad de resistencia silenciosa, paciente y estoica”.

“Sobrecogida por tanta belleza, debía entrar en un estado de lucidez ampliada. Es imposible plasmar en palabras el momento de verdad que de repente me invadió (…) yo y los chimpancés, la tierra y los árboles y el aire, parecían fundirse para devenir uno con el poder espiritual de la vida”

Según ella, fue una auténtica experiencia mística. Aquella tarde, junto al fuego, seguía flotando en el milagro de su experiencia.

 

“Sí, hay más de una ventana por la que los humanos podemos mirar el mundo que nos rodea y darle un sentido (...) qué triste sería que los humanos perdiéramos el sentido del misterio, la capacidad de admirar y sentir ese profundo y sobrecogedor respeto (…) que la lógica y la razón se impusieran a la intuición y nos alienara por completo de nuestro ser más profundo, de nuestros corazones, de nuestras almas.”

Este pensamiento la inspiraría más tarde a escribir "A través de la ventana", un fantástico libro que obtuvo varios premios y fue traducido a más de 15 idiomas.

Pero pocos años antes, en 1986, su vida cambia para siempre tras publicar "Los chimpancés de Gombe: patrones de comportamiento" en la Harvard University Press. Recibió dos galardones y resultó ser la primera enciclopedia de la investigación del chimpancé y la obra maestra de la primatología y obra definitiva en la etología. Al publicarlo es llamada para unas conferencias sobre chimpancés. Esto forjó en ella un cambio radical. Llegó planeando el segundo libro de "Los chimpancés de Gombe", pero al salir de allí se había convertido en una militante de la conservación y la educación. No iba a dedicar tiempo ya para aquel libro.  En las conferencias se descubrió la situación dramática de conservación de los chimpancés. A principios de s.XX había unos 2.000.000 en 25 países. En 50 años se había reducido a menos de 150.000 en 5 países ya sólo con al menos 5.000 ejemplares. Y cada vez estaba peor. Talas para cultivo, para leña, carbón, viviendas, minas, madera, enfermedades que los hombres estaban introduciendo durante sus actividades. Trampas, caza furtiva. Endogamia ya por aislamiento genético. Caza para carne y para venderla a las ciudades en negocios lucrativos. Comercio de animales vivos en el que se mata a la madre para coger al bebé y venderlo para los circos o para la investigación médica. Las condiciones en los laboratorios… esto último le llegó al alma y pensó que iba a hacer algo.

 

Lo que había oído en la conferencia la conmovió y trastornó hasta tal punto que no pudo elegir; se había acabado su precioso tiempo en Gombe. El comprender a los chimpancés la había permitido valorar que son parte de un todo, como todos los seres. Parte del gran misterio, como ella lo llama. Y siempre pensaba “este es mi lugar, el lugar al que pertenezco. Esto es lo que he venido a hacer en el mundo”.

“Durante 25 años había vivido mi sueño. Había disfrutado de la soledad de la selva, aprendiendo de algunas de las criaturas más fascinantes (…) Ahora, con mi confianza profesional renovada, había llegado el momento de utilizar los conocimientos que había adquirido para ayudar a los chimpancés en sus horas de mayor necesidad. Hasta aquel momento siempre había pensado que no había nada que yo pudiera hacer que sirviera realmente de algo. (…) pero ahora, después de todos los conocimientos y el esfuerzo que había vertido en el libro Los chimpancés de Gombe sentí que tenía la confianza suficiente para embarcarme a visitar los laboratorios y discutir con los científicos y el personal, realizar visitas oficiales a los gobiernos de varios países, impulsar campañas de sensibilización a favor de los chimpancés que vivían en laboratorios, circos y otras situaciones de cautividad degradantes, y dar conferencias sin descanso”.

A Gombe iría ya sólo algunas veces al año, durante 1 o 2 semanas máximo; durante años no estaría nunca más de 3 semanas en el mismo sitio y sólo tendría semejante descanso 2 o 3 veces al año, y los dedicaría a escribir en serio. Quedaba obligada a ir de un lado para otro permanentemente. Creó una exposición titulada “el mundo de los chimpancés” que era el tema principal de la Semana de Sensibilización en Pro de la Fauna Salvaje.

Con ello recorrió distintos países africanos donde había chimpancés. Habló con jefes de estado, con ministros, con organizaciones ecologistas, con investigadores y conservacionistas para organizar estas semanas. Iba a escuelas, daba conferencias, actos benéficos, etc. En una de esas descubre la terrible situación de los chimpancés huérfanos que nacían en la selva felices y de pronto sus madres eran asesinadas por un disparo para carne o para robarle a la cría solamente. Esto la lleva a crear reservas  y santuarios para los chimpancés confiscados por las autoridades en mercados y aldeas. Muchos le aconsejaron que no se metiera en eso. Pero para ella no había dilema. No podía dar la espalda a los ojos suplicantes de los huérfanos. Así inicia su programa de creación de reservas.

    

Cada centro fue el epicentro de un programa educativo para los niños sobre conservación y protección de los animales, implicando a los locales, comprándoles frutas y verduras, contratando gente, impulsando la economía local.

 

“Desde 1986 he estado viajando prácticamente sin parar. Lo hago con el fin de recaudar fondos para los distintos proyectos de conservación y educación del Instituto Jane Goodall, y también para compartir con el máximo número de personas un mensaje que considero necesario, un mensaje sobre la naturaleza de los seres humanos y nuestra relación con los demás animales que comparten el planeta con nosotros. Y es un mensaje de esperanza, de esperanza en el futuro de la vida en l Tierra. Son viajes agotadores (…)”

Son cientos y miles de conferencias, cientos y miles de entrevistas a medios de comunicación, reuniones, comidas, etc…  

Ha luchado duramente contra el drama de los chimpancés confinados en laboratorios biomédios y farmacéuticos. Ha visitado muchos de ellos y esto ha sido durísimo para ella. Yo creo que a menudo las experiencias que ha vivido en estos infiernos la atormenta y su mirada se vuelve triste. Porque ella es una persona que no puede dar la espalda al sufrimiento ajeno. Y sigue en la lucha. Y lo hace de la forma más impresionante que un ser humano sea capaz de hacer. Sacrificándose, hasta el punto de haber dejado la vida que realmente ama y de tener que sufrir terribles traumas con visitas como esas para poder reunirse con los responsables. Creando programas educativos absolutamente fantásticos.  

En 1991, cuando tenía 57 años, funda Roots & Shoots Foundation (Fundación Raíces y Brotes), un programa humanitario y de educación ambiental del Instituto Jane Goodall que empezó siendo un grupo de estudiantes de Tanzania y se ha transformado en miles de grupos por todo el mundo. Posiblemente sea hoy el proyecto de educación ambiental más prodigioso que existe.

     

“El problema es que los habitantes de los países desarrollados habn llegado a creer que disfrutar de un alto nivel de vida es un derecho”.

“Si pudiéramos volver atrás y recuperar las formas de vida de los indios americanos nativos que durante cientos de años vivieron en armonía con la naturaleza, tomando sólo lo que necesitaban para vivir, agradeciendo, y devolviendo en reciprocidad ¡Sería una solución perfecta para la crisis medioambiental!” “(…) muy pocos occidentales, pensé, serían capaces de soportar un modo de vida así, porque para ello habría que renunciar a los lujos que para muchos ya se habían convertido en una necesidad. Sería duro soportar los caprichos de la madre naturaleza sin la dulce capa protectora que nos envuelve desde el nacimiento (…) Pensé (…) en el arqueólogo que en el futuro analizara la textura física de esas capas protectoras: coches, miles de coches ya que la costumbre es comprar uno cada pocos años; una colección de pisos y/o casas (…) lavadoras, electrodomésticos, lavaplatos, cadenas musicales, aparatos de discos compactos, infinitos aparatos de televisión y ordenadores y teléfonos móviles (…)

“Ningún ser pensante y racional puede quedarse indiferente ante la rapidez con que la humanidad está destruyendo la naturaleza, destruyendo todo aquello que, durante millones de años, ha hecho posible nuestro origen y nuestro desarrollo como especie. En estas últimas décadas, que han conocido la sustitución de las antiguas creencias y tradiciones por las ideas y tecnologías modernas, así como la avidez de tierras propiciada por el crecimiento de las poblaciones humanas, muchísima gente (…) ha perdido o está perdiendo el sentido del lugar que verdaderamente nos corresponde en el gran esquema del mundo. (…) los bosques, las selvas, las praderas, los pastos y los humedales están desapareciendo a un ritmo trepidante. Y lo mismo está ocurriendo con muchas especies animales y vegetales, todas ellas únicas, producto de una evolución de milenios. (…) Gran parte de esta destrucción se debe a las sociedades derrochadoras y voraces del mundo rico, las cuales, para mantener sus absurdos niveles de vida materialista y ostentosa están robando la comida de la boca de los pobres del mundo en vías de desarrollo. (…). El mundo en vías de desarrollo lucha por cultivar los suelos erosionados de un desierto que avanza inexorable, y por conseguir agua (…), mientras las sociedades occidentales cubren miles de hectáreas de rica tierra fértil con asfalto, talan miles de hectáreas de bosque para obtener tierras de pasto o cultivar forraje para el ganado con el fin de alimentar con carne a sus obesos ciudadanos, y asignan fondos (escandalosamente inadecuados) a los campesinos del Tercer Mundo para que cultiven sus productos comerciales y haya aún menos tierra disponible para la agricultura de subsistencia.”

Ha sido protagonista de numerosos documentales e incluso ha sido llevada a la pantalla grande con el documental "Los chimpancés salvajes de Jane Goodall" (2002).  

A lo largo de su vida, Jane Goodall ha sido galardonada con decenas de premios en reconocimiento a su labor científica, conservacionista y educativa a lo largo del planeta. Por mencionar solamente algunos, ha recibido el Premio Príncipe de Asturias a la Investigación Científica (2003), la Medalla de Honor de Tanzania, la Medalla Tanzania Kilimanjaro por su contribución a la conservación de la vida salvaje, la Medalla Hubbard de la National Geographic Society, el Premio Franklin Burr por Contribución a la Ciencia, de la National Geographic Society (1963), el prestigioso Premio Kyoto de Japón, el Premio Stott de la Ciencia de la Universidad de Cambridge (1970), el Premio Centenario de la National Geographic Society (1988), Premio al Antropólogo del Año (1989), Premio Washoe (1990), la Medalla Benjamín Franklin a la Ciencia de la Vida (una de las distinciones científicas más importantes del mundo) y el Premio Gandhi/King por la Paz y un larguísimo etcétera. En 2003, la reina Isabel II la nombró Dama del Imperio Británico. 

En 2002 la ONU la nombró Mensajera de la Paz pues los Mensajeros de la Paz son personas que movilizan a las personas para trabajar en acciones que hagan del mundo un lugar mejor: erradicación de la pobreza, lucha por los derechos humanos, la paz y la resolución de conflictos, desarme, desarrollo de comunidades y medio ambiente...

 

Jane ha escrito multitud de libros e innumerables artículos científicos y de conservación.

Aquí os dejo una lista de libros de Jane:

científicos y técnicos:

           -Mis amigos los chimpancés salvajes (1967)

           -Matadores inocentes (con Hugo van Lawick) (1971)

           -En la sombra del hombre (1971) (publicado en 48 idiomas)

           -Los chimpancés de Gombe: patrones de comportamiento (1986) (varios premios)

          -A través de la ventana: 30 años observando a los chimpancés de Gombe (1990) (varios  premios)          

           -Visions of Caliban (con D.Peterson) (1993) (varios premios)

           -Brutal Kinship (con M.Nichols) (1999)

           -Razones para la esperanza: una jornada espiritual (con P.Berman) (1999)                         

           -40 años de Gombe (2000)

           -Los 10 mandamientos: qué debemos hacer para cuidar de los animales que amamos (2002)             

             -Otra manera de vivir (2003)

                                     

Autobiografías:

            -Africa in my blood: an autobiography in letters (2000)                 

            -Beyond innocence: an autobiography in letters, the later years. (2001)

            -Gracias a la vida (1997)

libros para niños:

             -Grub, el gálago. (1972)

             -Los chimpancés que amo: salvando su mundo y el nuestro. (2001)                   

             -Mi vida con los chimpancés. (1988) (traducido a varios idiomas y premiado)

             -El libro de la familia de los chimpancés (1989) (premio Unicef al mejor libro para niños y Premio de Austria al mejor libro de niños) (traducido a más de 15 idiomas)

              -El Mundo Animal de Jane Goodall: chimpancés (1989)

              -Serie Familias Animales.... (1989)

              -Con amor (1994) (traducido a varios idiomas)               

              -Dr.White (1999)

              -El águila y el reyezuelo (2000)                   

    

Every individual matters. Every individual has a role to play. Every individual makes a difference.